En la celebración de la solemnidad de Nuestra Señora de Luján, patrona de la Argentina, el arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Scheinig, presidió este 8 de mayo la misa en la basílica y santuario de esa advocación mariana.

Concelebraron el arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik OFM Cap; el obispo auxiliar de Mercedes-Luján, monseñor Mauricio Landra, el párroco del tempo y rector del santuario, presbítero Lucas García, junto con numerosos sacerdotes.

Ante una multitud de peregrinos que se congregaron de diversos puntos del territorio bonaerense y de Capital Federal, entre otros lugares del país, monseñor Scheinig invitó a los fieles a renovar la fe y profundizar la devoción mariana, al recordar que "la Madre de Jesús es nuestra Madre" y que su presencia sostiene la vida cotidiana del pueblo creyente.

El prelado reflexionó sobre el mensaje central de Jesús y afirmó que toda su vida estuvo orientada a revelar el amor de Dios Padre. "Jesús dio su vida para convencer a la humanidad de que Dios no está en contra de los hombres", manifestó, al destacar que el encuentro con Dios transforma la existencia humana y libera de los miedos.

El arzobispo destacó el lugar de María en la vida de los cristianos y señaló que la Virgen de Luján representa "ternura, presencia y cercanía". "Cuando venimos acá, venimos a estar con la Madre", afirmó, al tiempo que explicó que esa advocación no se caracteriza por mensajes o revelaciones, sino por una presencia silenciosa que acompaña y sostiene al pueblo fiel.

Monseñor Scheinig propuso además que cada peregrino se preguntara personalmente "quién es ella para mí", y compartió su propia experiencia espiritual: "Para mí es la que me escuchó en los peores momentos de mi existencia". También recordó que la histórica imagen de la Virgen, que en 2030 cumplirá 400 años, "no es una réplica, es la original", y aseguró que desde sus orígenes nació como "madre de un pueblo".

Vínculos verdaderos y duraderos
Uno de los momentos más fuertes de la homilía estuvo centrado en la necesidad de recuperar la fraternidad y la unidad entre los argentinos. "En Luján no hay grietas, acá hay fraternidad", sostuvo el prelado, quien comparó a la sociedad con una familia que, pese a sus diferencias, encuentra en la madre un punto de unión y de encuentro. En ese sentido, advirtió sobre las tensiones sociales actuales y pidió fortalecer vínculos verdaderos y duraderos entre los ciudadanos.

El pastor arquidiocesano aseguró que la Virgen "nos reúne, nos une y nos alienta", y animó a los fieles a apoyarse en Dios y renovar la esperanza. "Los 8 de mayo son un día lindo para la Argentina porque renovamos esta alianza de amor con el Padre y la Madre de Jesús", dijo.