La imagen de la Virgen partió a las 10:00 horas del sábado 3 de octubre desde el Santuario de San Cayetano de Liniers, en la Ciudad de Buenos Aires, llevada y escoltada por una delegación de la Diócesis de Lomas de Zamora.

También desde Liniers, acompañando a las comunidades porteñas, partieron el Arzobispo de Buenos Aires, Mons. Jorge García Cuerva y el Arzobispo de La Plata, Mons. Gustavo Carrara.

Al referirse al lema de esta peregrinación: "Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos", Mons. García Cuerva reflexionó: "Para poder ser hermanos, lo primero es descubrir que María es madre de todos, y ella nos une. Y creo que tenemos que bajar las intolerancias, el desprecio a veces por el otro, el no marcar tanto lo que nos divide, sino lo que nos une".

Bajo la lluvia, con impermeables comprados o improvisados, la multitud comenzó el recorrido de más de 60 kilómetros que separan Liniers de la Basílica y Santuario Nacional de Nuestra Señora de Luján, donde ya se palpita la visita del Papa León XIV, que llegará al país el 8 de noviembre.

En el camino no faltaron oraciones y canciones, y los siempre presentes puestos de apoyo donde voluntarios de parroquias, movimientos y organizaciones ofrecieron refrigerios, asistencia a los peregrinos y "abrazos gratis".

Pasado el mediodía, la lluvia ya se había ido y hasta salió el sol. Los primeros peregrinos comenzaron a arribar a Luján, que de a poco se fue poblando de fieles que llegaban a los pies de la Madre, algunos con mucha dificultad para caminar, otros sostenidos por sus compañeros, y la mayoría de ellos con visible emoción.

Al anochecer, la llegada a Luján se complicó por la cantidad de gente que, según testimonios de peregrinos que habitualmente realizan la caminata, fue muy superior a otros años. Las últimas cuadras hasta la Basílica les tomó hasta más de una hora, de acuerdo al relato de algunos.

Una vez en Luján, intenciones, agradecimientos, abrazos y lágrimas fueron el retrato de la fe de un pueblo que, sin distinción de edad, clase social o pensamiento político, acudió a recibir el abrazo de la Virgen de Luján.

Es el caso de Paloma, de la Parroquia Nuestra Señora del Buen Consejo, quien describió la experiencia a EWTN Noticias como "muy reconfortante" y afirmó que allí se refleja "el valor de ayudar a los demás".

Marcos, de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima, valoró especialmente el gesto de hacer la peregrinación "no porque se obligatorio, sino porque es conectar aún más con la Virgen, con Dios, con uno mismo e incluso con la misma familia".

Mariana, voluntaria de abrazos gratis, explicó su labor como ese "empujoncito" para los 17 kilómetros que faltan para llegar a Luján "a encontrarnos con la Virgencita".

"Ese abrazo no solamente es para el que yo se lo doy, sino el que yo recibo, porque yo recibo también mucho afecto y mucho amor, es una caricia al alma".

Peregrinar, aseguró, "es seguir los pasos de Jesús, ir al encuentro con Mamá, es como Jesús iba con Mamá, me imagino cuando María le enseñaba a caminar a Jesús, que estaba esperándolo en un lugarcito para tratar de sostenerlo y que no se caiga. Así está María, esperándonos, sosteniéndonos para llegar allá", comparó.

Ante las heridas, ser “artesanos de fraternidad”

En la llegada a Luján, la Misa central de la peregrinación fue celebrada por Mons. García Cuerva a las 7:00 horas del domingo 4 de octubre en la Plaza Belgrano, frente a la basílica.

En su homilía, el Arzobispo de Buenos Aires llamó a "curar los vínculos" entre los argentinos y comprometerse a ser "artesanos de la fraternidad".

En cada paso, aseguró, "trajimos a nuestras familias, a los amigos, al vecino que la está pasando mal, al conocido que perdió el trabajo, a los enfermos, a los que nos pidieron que rezáramos por ellos”, dijo.

“En la Peregrinación no hay grietas ideológicas ni exclusiones. El camino nos niveló a todos; caminando, todos gastamos las zapatillas, todos nos cansamos, todos queríamos llegar a la casa de María. ¡Qué gran lección recibimos! Cuando nos descubrimos caminantes de un mismo pueblo no le damos lugar al individualismo y a los discursos de odio”, señaló.

Al referirse a la realidad del país, consideró también que "nuestra Patria tiene muchos abrazos pendientes: abrazos de perdón ante tanta descalificación e insulto; abrazos solidarios ante tanta indiferencia; abrazos de encuentro ante tanto extravío; abrazos profundos, no protocolares; abrazos del alma”.