Los obispos de la Región Patagonia-Comahue se manifestaron, este 30 de marzo, ante el proyecto para modificar la Ley de Glaciares, y "en defensa del aire y el agua", por "un futuro mejor para todos".

Los prelados lamentan que quienes se sienten en las bancas del Congreso, "debieran hacer oír la voz del pueblo, para así después poder gobernar de modo legítimo", no lo estuvieran haciendo y advierten que "cuando se trata algún tema ambiental que toca intereses de proyectos mineros", la estrategias que se usan "son de manual".

Tales como, detallan, "cercenar y anular intervenciones, impedir ingresar al recinto donde se desarrolla el debate, desestabilizar oradores e incluso incorporar a algunos que no estaban en la lista". 

Los obispos patagónicos expresan su deseo de "un futuro mejor para todos", y exhortan a que no les pidan "que entreguemos lo poco que nos queda y distingue a la Patagonia: sus ríos y lagos. Su agua". 

"Ya enrarecieron el debate; no nos intoxiquen también el aire", concluye el comunicado que lleva la firma de los obispos: Fernando Croxatto (Neuquén), Esteban Laxague SDB (Viedma), Juan Carlos Ares (San Carlos de Bariloche), Jorge Wagner (Comodoro Rivadavia), Roberto Álvarez (Rawson), José Slaby C.Ss.R (Esquel), Ignacio Medina (Río Gallegos), Fabián Balsa (auxiliar de Río Gallegos) y Oscar Miñarro (administrador apostólico de Alto Valle del Río Negro).

"La participación democrática amenazada... como los hielos y el agua"
Con muchísima pena hemos visto el modo de resolver lo que debería ser la audiencia pública por la modificación de la Ley de Glaciares, convocada por la Cámara de Diputados de la Nación, la cual debería cumplir con lo exigido por distintos acuerdos e instancias legales que ya habían sido salteados por la Cámara de Senadores de la Nación. 

No nos es ajeno el modo de resolver que tuvieron quienes debieran hacer oír la voz del pueblo para así después poder "deliberar y gobernar" de modo legítimo; ya hemos visto la misma metodología desarrollada a lo largo y a lo ancho de toda la Patagonia cuando se trata algún tema ambiental que toca intereses de proyectos mineros: cercenar y anular intervenciones, impedir ingresar al recinto donde se desarrolla el debate, desestabilizar oradores e incluso incorporar a algunos que no estaban en la lista. 

Esas estrategias de manual son llevadas a cabo, de modo sistemático desde hace décadas, en pueblos, parajes y localidades de nuestro territorio. Aquí -en poblaciones pequeñas- también despliegan presiones económicas, laborales e incluso afectivas; recurren a promesas y dádivas. Ni qué decir cuando amedrentan llenando los lugares de las asambleas y sus alrededores con personas movilizadas, expertas en generar ruido y miedo. 

Recorren los lugares, copan canales de televisión y diarios con futuros promisorios, denostan a quienes podemos tener dudas, preguntas y hacer advertencias, llevándonos al lugar de ser promotores de la pobreza y estar en contra del progreso. Otras veces nos acusan de fundamentalistas, o de tener sesgos ideológicos o partidarios.

Es su misma metodología atropelladora y abusiva la que desde siempre hace dudar que tengan otro interés que ellos mismos; y cuando convencen a nuestros gobiernos, asfixiados por economías que ellos han ayudado a quebrar, siembran la idea de que es eso o el descalabro final. 

Ninguno de ellos respira nuestro aire: están a miles de kilómetros; tampoco beben o se nutren del agua de nuestros ríos. Porque de eso se trata: del aire y del agua. Ambas valen más que el oro, la plata, el dinero o un pseudo progreso que no respeta los estándares que en sus mismos países de origen les exigen. 

Queremos un futuro mejor para todos. Son los que han tenido distintas responsabilidades en los poderes del Estado quienes nos han llevado a esto; no quieran sacarnos del lugar donde han dejado a la Argentina pidiéndonos que entreguemos lo poco que nos queda y distingue a la Patagonia: sus ríos y lagos. Su agua. 

Ya ahogaron la voz de infinidad de anotados, la voz de un pueblo. Ya enrarecieron el debate; no nos intoxiquen también el aire.