“Han pasado diez años desde la trágica serie de terremotos que azotó sus regiones. Se trató de sucesos que causaron cientos de víctimas, ingentes destrozos y un profundo dolor en comunidades enteras, que aún hoy llevan las heridas de ello”, recordó el Papa León XIV en su discurso a los delegados de los municipios de las zonas afectadas por el terremoto en el centro de Italia, a quienes recibió en audiencia en la mañana de este sábado.
Para reconstruir se necesita responsabilidad y visión
Ante esta realidad, el Papa invitó a escuchar juntos la Palabra de Dios, a partir de un texto que desempeña un papel importante en la encíclica Magnifica humanitas. “Se trata del libro de Nehemías, que narra el regreso del pueblo a una Jerusalén aún en ruinas tras la devastación causada por los babilonios. Nehemías nos enseña un doble enfoque”, resaltó, explicando que, ante todo, está el enfoque comunitario, pues la ciudad “renace no por la obra de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo”, y, además, Nehemías sugiere que “para reconstruir es necesario tener una visión”.
No basta con tener buenas intenciones
“En casos tan dramáticos, no basta con tener buenas intenciones o confiar en un voluntarismo desordenado. Para reconstruir, es necesario contar con una mirada capaz de percibir, en medio de las ruinas, el proyecto de una casa y de una ciudad. Es el don de una mirada profética que sepa captar, más allá de los escombros, algo que nadie ve todavía; una mirada que sepa discernir, en medio del mal presente, el bien que es posible y necesario realizar”, indicó León XIV.
En este sentido, el Pontífice los animó a “retomar el camino con esta doble perspectiva: por un lado, el enfoque sinodal para construir juntos; por otro, la visión profética, que, partiendo de las necesidades actuales, sabe mirar hacia adelante y captar cuál es el bien común que hay que perseguir de manera activa”.
Una tierra bendecida por la presencia de mujeres y hombres de Dios
“Así es como han actuado los santos”, subrayó el Papa, quien les recordó que su tierra “ha sido bendecida por la presencia de mujeres y hombres de Dios”, que han sabido “vivir estas dos dimensiones y transformar históricamente el mal en bien”, recordando, por ejemplo, a Santa Rita de Casia o a San Nicolás de Tolentino, “quienes con la oración y el anuncio del Evangelio llevaron paz a familias y comunidades devastadas por el odio y la violencia”.
“Movido por la misma visión de futuro, ya San Benito había sabido reformar y reconstruir la Iglesia y la sociedad a través de la oración y el trabajo, sentando las bases de lo que se convertiría en la Europa de hoy”, resaltó León XIV, quien también recordó, a ochocientos años de su Transito, a San Francisco de Asís, quien, “frente al crucifijo, escuchó la voz del Señor que le decía: ‘Ve y repara mi casa, que, como ves, está toda en ruinas’”; y entonces, “se dedicó a restaurar materialmente varias pequeñas iglesias de la zona, comprendiendo posteriormente que la ‘casa’ de la que hablaba el Señor era la Iglesia misma, atravesada en aquel período por una profunda crisis espiritual”.
El ejemplo de los santos
“El ejemplo de los santos nos recuerda que la esperanza, para que no se quede en un simple deseo, necesita ante todo respuestas tangibles y urgentes. Por eso, a diez años del terremoto, hay que dedicar todas las energías para que la reconstrucción material se lleve a cabo en el menor tiempo posible, de manera segura y transparente. Además, para que la esperanza sea duradera, requiere una perspectiva: debe identificar puntos de referencia que orienten el camino”, recalcó el Pontífice.