Con el lema "María, Madre de la escucha y de la comunión", la arquidiócesis de Rosario celebró este 7 de octubre la solemnidad de Nuestra Señora del Rosario, patrona de la ciudad y de esa Iglesia en el Litoral argentino, con diversas actividades que tuvieron como escenario principal la catedral. Las actividades se desarrollaron con motivo del Año Jubilar Franciscano y como preparación para la visita del papa León XIV.

Previo a la celebración eucaristíca se realizó una ofrenda floral a la Virgen encabezada por el intendente Pablo Javkin, acompañado por la ministra de Cultura, Susana Rueda, la titular de la Cámara de Diputados de la provincia, Clara García, la presidenta del Concejo Municipal, María Eugenia Schmuck, e integrantes del Gabinete municipal.

Por la tarde se desarrolló la procesión y, posteriormente, el arzobispo, monseñor Eduardo Martín, presidió la misa en el marco del 85° aniversario de la coronación de la Virgen. Concelebró la Eucaristía el obispo auxiliar, monseñor Ernesto Fernández, y el arzobispo emérito de San Juan de Cuyo, Alfonso Delgado. Participó también el intendente y diversas autoridades.

En su homilía, el arzobispo rosarino vinculó el lema de las fiestas patronales con el camino recorrido por la arquidiócesis durante los últimos años y, especialmente, con la asamblea realizada después de Pascua. Allí, recordó, se discernió la necesidad de "formarnos en la comunión, formarnos para la misión, formarnos para la caridad", poniendo este año el acento en la comunión y favoreciendo también la actitud de escucha. 

Una Iglesia que aprende a escuchar y a caminar en comunión
El pastor arquidiocesano explicó que escuchar, desde la perspectiva cristiana, no significa simplemente oír, sino "acoger en el corazón y actuar", llevando a la vida aquello que Dios comunica. Por eso invitó a generar una verdadera "cultura de la escucha" en las parroquias, comunidades religiosas, movimientos y asociaciones, pero también en las familias y en la sociedad. 

"Nosotros estamos llamados a escuchar y a escuchar a Dios a través del otro", afirmó, y destacó particularmente la capacidad de aprender de los más humildes. El arzobispo vinculó esta escucha con la comunión, entendida como una apertura al otro que nace de la unión con Dios. 

Preparar el corazón para la visita de León XIV
En otro momento de su prédica, monseñor Martín invitó a intensificar la preparación para la visita del papa León XIV. Propuso hacerlo precisamente desde las dos actitudes que atraviesan el lema de las fiestas: la escucha y la comunión.

"El Papa viene y tenemos que ir preparando nuestros corazones para escucharlo", afirmó. Al referirse al sucesor de Pedro como quien llega "en nombre del Señor", sostuvo que, aunque todavía no se conozca concretamente el contenido de sus palabras, su presencia puede ofrecer una luz para discernir los pasos que la Iglesia y la sociedad necesitan dar, así como una palabra de aliento, consuelo y también de corrección. 

Monseñor Martín comparó la preparación para la visita con la llegada de un huésped importante a una casa: "Se limpia la casa, se prepara todo para que el huésped sea bien recibido". En esa línea, pidió que la llegada del Papa no quede reducida a un acontecimiento pasajero, sino que sea recibida como un tiempo de gracia que ayude a profundizar el camino de la vida cristiana y a promover en la Argentina caminos de justicia, encuentro y respeto. 

A 85 años de la coronación de la Virgen
Finalmente, el arzobispo se refirió al 85° aniversario de la coronación de Nuestra Señora del Rosario, realizada el 5 de octubre de 1941 por el entonces primer obispo de Rosario, cardenal Antonio Caggiano.

A partir de este aniversario, propuso renovar el sentido de aquel gesto de fe y preguntarse qué significa hoy hablar de la "corona" de María. Monseñor Martín explicó que la coronación recuerda que María está "coronada de gloria en el cielo" y participa de manera singular de la gloria de Cristo.

Frente a las "glorias de este mundo", que se marchitan, llamó a buscar una corona que no se obtiene compitiendo ni venciendo a los demás, sino viviendo en la humildad, la justicia, la fraternidad y el amor.

"Cuanto más amemos, cuanto más últimos nos hagamos, cuanto más humildes, más alta será la dignidad y la gloria en el cielo", manifestó.

Al concluir, el arzobispo invitó a renovar las promesas bajo el amparo de la Virgen y a vivir las actitudes de escucha y comunión, especialmente en preparación para recibir al Papa. Pidió que la Iglesia de Rosario pueda ser, a través de su vida de amor y servicio, "fermento en la masa" para contribuir también a la edificación de la ciudad y de la sociedad.