El papa León XIV concluyó este lunes 28 de septiembre su viaje apostólico a Francia con la celebración de la misa en la catedral de San Esteban de Metz, donde llamó a construir una paz nacida del perdón y del esfuerzo compartido, en un contexto que describió como una época "azotada por nuevas divisiones y nuevos conflictos".

La celebración marcó el cierre de una visita de cuatro días que también incluyó las ciudades de París y Lourdes. Entre los presentes estuvo el presidente francés, Emmanuel Macron, acompañado por su esposa, Brigitte, quien asistió a la misa tras haber participado previamente con el pontífice en el encuentro "Las raíces de Europa y su futuro", desarrollado en el Centro Robert Schuman.

Durante la homilía, León XIV afirmó que la paz es un don de Dios que requiere el compromiso concreto de las personas para hacerse realidad. "La paz, que es don de Dios, exige una respuesta por parte de los hombres en un esfuerzo compartido", sostuvo.

El Papa cuestionó las consecuencias de la venganza, la represalia y el rechazo, y advirtió que esas actitudes no pueden ofrecer un futuro auténtico para la humanidad.

"No es verdad que el que comete venganza sea más fuerte que el que perdona", sostuvo, al recordar que la historia demuestra el valor transformador del perdón.

Europa, una armonía de diferencias
Al evocar las célebres vidrieras creadas por Marc Chagall para la catedral gótica de Metz, León XIV las presentó como un símbolo del camino que Europa está llamada a recorrer.

"Esta catedral nos dice que la luz del Señor no suprime la especificidad, sino que une historias y culturas diferentes en un único y maravilloso mosaico de paz".

El Papa añadió que el futuro europeo "no reside en la uniformidad, sino en la armonía de las diferencias", donde las heridas del pasado pueden convertirse en una apertura por la que vuelva a entrar la luz de la esperanza.

Un faro de esperanza
Al concluir la celebración, León XIV expresó su deseo de que Metz siga ofreciendo un testimonio de reconciliación y esperanza.

"Metz está llamada hoy más que nunca a ser un faro de esperanza para este país, para Europa y para el mundo".

Tras la misa, el Santo Padre emprendió el regreso a Roma, dando por concluido un viaje apostólico marcado por sus llamados al diálogo, la dignidad humana, la protección de la vida y la construcción de la paz.