El arzobispo de La Plata, monseñor Gustavo Carrara, presidió el 2 de agosto la misa en la catedral, celebración en la que bendijo y entronizó una imagen de Santa Mama Antula, la cual permanecerá en ese templo para su adoración y devoción.
En su homilía destacó el testimonio de la primera santa argentina, su profunda confianza en Dios y su incansable entrega a la difusión de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola como camino de conversión y encuentro con Jesucristo.
Al recordar la vida de María Antonia de San José, el prelado señaló que, tras la expulsión de los jesuitas de América, sintió el llamado a continuar la obra de los Ejercicios Espirituales, convencida del bien que hacían a las personas.
"Quisiera andar hasta donde Dios no fuese conocido para hacerlo conocer", recordó el pastor arquidiocesano al citar una de las expresiones de Mama Antula, quien recorrió a pie gran parte del país organizando tandas de ejercicios y formando comunidades de laicos misioneros.
El propósito de los ejercicios espirituales
El arzobispo platense explicó que el propósito de los ejercicios espirituales es "buscar y hallar la voluntad de Dios", favoreciendo una auténtica conversión evangélica y un seguimiento personal de Cristo. Destacó además que la misión de la santa nacía de la certeza de que era el mismo Jesús quien la guiaba.
Monseñor Carrara también puso de relieve la confianza absoluta de la santa en la Providencia Divina, reflejada en los episodios de la multiplicación de los alimentos durante los ejercicios espirituales. Ante la falta de pan o de comida para los participantes, respondía con serenidad: "Dios proveerá", convencida de que el Señor no abandonaría su obra.
Además, recordó que fue ella quien introdujo en el país la devoción a San Cayetano, patrono del pan y del trabajo, una devoción estrechamente vinculada a su compromiso con quienes más necesitaban.
Finalmente, monseñor Carrara pidió la intercesión de Santa Mama Antula para que "haga de nuestra Iglesia platense una Iglesia en salida, misionera", capaz de llevar a Jesús a todos los rincones de la arquidiócesis, especialmente allí "donde no es conocido y por eso no es amado", enfatizó.