La Iglesia en Paraguay celebra del 13 al 16 de julio la Jornada Nacional del Clero, convocada por la Pastoral Presbiteral Nacional de la Conferencia Episcopal Paraguaya en el Seminario Mayor Nuestra Señora de la Asunción. El encuentro reúne a sacerdotes provenientes de las distintas diócesis del país para compartir jornadas de formación permanente, oración, fraternidad y reflexión sobre los desafíos pastorales del tiempo presente.
La iniciativa se inscribe en el camino pastoral del trienio dedicado al "Bien Común 2026-2028" y propone como eje de trabajo el tema "Identidad del sacerdote y perfil del ministerio en el contexto actual".
Con ocasión de la Jornada, el prefecto del Dicasterio para el Clero, el cardenal Lázaro You Heung-sik, dirigió un amplio mensaje a los sacerdotes paraguayos, en el que transmitió la cercanía del Papa León XIV y del organismo vaticano encargado de acompañar la vida y el ministerio de los presbíteros.
El purpurado destacó la coincidencia entre la publicación de la Carta Apostólica Una fidelidad que genera futuro, firmada por el Santo Padre el 8 de diciembre de 2025, y la Carta Pastoral del Episcopado paraguayo sobre el bien común, promulgada el mismo día en Caacupé.
"La fidelidad al sacerdocio y, por ende, el servicio al bien común del pueblo emanan de la misma fuente, el Corazón de Cristo, el Corazón del Buen Pastor", afirmó el cardenal.
Sacerdotes configurados con Cristo
En su reflexión, el prefecto invitó a los presbíteros a regresar continuamente a lo esencial de su vocación en un contexto marcado por la secularización, la cultura digital y las transformaciones sociales y culturales.
"El sacerdote no es un funcionario de lo sagrado ni simplemente un delegado o representante de la comunidad", escribió. Por el contrario, recordó que está llamado a ser "un hombre verdaderamente configurado con Cristo", cuya misión consiste en hacer presente al Buen Pastor mediante una vida entregada al servicio del Pueblo de Dios.
El cardenal subrayó asimismo que el ministerio sacerdotal "nunca se considera un privilegio, sino siempre un servicio", y advirtió sobre el riesgo de entender el sacerdocio como una carrera o una búsqueda de reconocimiento.
Frente a las tentaciones del ministerio
El mensaje recoge también algunas de las tentaciones que, según el magisterio de León XIV, pueden debilitar la vida sacerdotal: el eficientismo, que mide el valor del sacerdote únicamente por los resultados pastorales; el quietismo, que conduce al desaliento frente a las dificultades de la evangelización; y la mediocridad espiritual y moral.
En tal sentido, dijo que se debe estar muy atentos a las tentaciones, especialmente en nuestro propio entorno.
"¡Cuántas veces nuestra forma de hablar revela una mentalidad según la cual el valor de un sacerdote se mide por el número de feligreses! ¡Cuántas veces, en cambio, asustados por la velocidad del mundo, nos sentimos derrotados y nos rendimos!".
Para el prefecto, estas actitudes son expresión de una pérdida del entusiasmo y de la belleza de la misión evangelizadora.
"La eficiencia y el quietismo son dos caras de la misma moneda; son las mentalidades erróneas de quienes han perdido el entusiasmo y la belleza de la evangelización. A esto se suma una amenaza quizás más sutil: la mediocridad moral y espiritual, esa conformidad con una vida tibia que ni escandaliza ni da testimonio. Y quisiera decirlo con franqueza fraterna: el ministerio no es una carrera, ni una escalera de cargos y honores que escalar. Quienes experimentan el sacerdocio como una ascensión social ya han perdido el rostro de Aquel que, como Maestro, se humilló para lavar los pies de sus discípulos".
La oración, fundamento de toda misión
Un amplio espacio del mensaje estuvo dedicado a la vida espiritual, presentada como la fuente indispensable de todo ministerio auténtico.
El cardenal recurrió a una imagen propuesta por el Papa León XIV para describir la vida interior del sacerdote: "Es como si cada día el sacerdote volviera al mar de Galilea -donde Jesús le preguntó a Pedro: "¿Me amas?"- para renovar su 'sí'". Asimismo, exhortó a no descuidar la celebración de la Eucaristía, la Liturgia de las Horas, la adoración eucarística, la meditación de la Palabra de Dios y el acompañamiento espiritual, recordando que "de esta intimidad con el Maestro emana todo lo demás".
Fraternidad sacerdotal y sinodalidad
El prefecto destacó igualmente el valor de la fraternidad sacerdotal y de la comunión eclesial, subrayando que "ningún pastor existe solo". La relación con el obispo, la cercanía entre los sacerdotes y la corresponsabilidad de los fieles laicos forman parte, explicó, de la identidad misma del ministerio presbiteral y constituyen una condición esencial para una Iglesia auténticamente misionera.
En este sentido, valoró el estilo sinodal promovido por el Papa León XIV como una oportunidad para desarrollar formas de liderazgo compartido y para reconocer los diversos carismas presentes en el Pueblo de Dios.
El testimonio que suscita vocaciones
En la parte final del mensaje, el cardenal You se detuvo en la pastoral vocacional y recordó que la primera promoción de las vocaciones nace del testimonio de sacerdotes alegres y fieles al Evangelio. "El primer ministerio vocacional es el testimonio de un sacerdote feliz", afirmó.
"Un joven paraguayo que ve a su párroco orar profundamente, administrar los sacramentos con alegría, proclamar la Palabra con pasión, vivirla fraternidad con entusiasmo y dar testimonio de la caridad en la vida diaria, escuchará con mayor facilidad la voz del Maestro que nunca deja de llamar a la hermosa vida del sacerdocio ministerial".
El prefecto expresó además su gratitud a los sacerdotes paraguayos por su servicio cotidiano "en las parroquias, en el Chaco y en las periferias urbanas, en capillas y santuarios rurales, junto a los enfermos, los pobres y los jóvenes". Finalmente, encomendó a los presbíteros, obispos y seminaristas del país a la protección de la Virgen de Caacupé, de san Roque González de Santa Cruz y de la beata María Felicia de Jesús Sacramentado, Chiquitunga, deseando para todos la gracia de ser "pastores santos, fieles y felices", custodios de aquella fidelidad a Cristo que, como recuerda el Papa León XIV, "continúa generando el futuro de la Iglesia".