En la fiesta de la Santísima Cruz de los Milagros, el pueblo correntino renovó el 3 de mayo su fe y su identidad cristiana en una celebración profundamente arraigada en su historia. La actividad central tuvo lugar en el santuario de la Cruz de los Milagros, donde se celebró la misa solemne presidida por el arzobispo de Corrientes, monseñor José Adolfo Larregain OFM, seguida de la tradicional procesión.

La jornada reunió a numerosos fieles que, con devoción, honraron este signo que remite al origen mismo de la ciudad y que, a lo largo de los siglos, se consolidó como emblema de protección, fe y unidad para Corrientes.

En su homilía, monseñor Larregain invitó a redescubrir el sentido profundo de la cruz como presencia viva que ilumina la historia personal y comunitaria. Retomando el Evangelio de san Juan, exhortó a no dejarse dominar por la incertidumbre: "No se turbe su corazón. Crean en Dios y crean también en mí".

El arzobispo correntino destacó que Jesucristo, "Camino, Verdad y Vida", no propone una idea abstracta, sino un modo concreto de vivir la fe, capaz de transformar el dolor en esperanza. En ese sentido, subrayó que la cruz, signo de muerte, se convirtió en fuente de salvación, y que también las pruebas del pueblo pueden ser ocasión de crecimiento y confianza en Dios.

Asimismo, recordó enseñanzas del papa Francisco sobre una fe comprometida con la realidad y evocó el llamado del papa León XIV a vivir una fe encarnada, capaz de iluminar las situaciones concretas.

Fe auténtica y obras
En otro tramo de su mensaje, el prelado insistió en que la fe auténtica se manifiesta en obras, en gestos concretos de amor, servicio y justicia. Frente a contextos marcados por la fragmentación y la indiferencia, alentó a construir una fraternidad real, basada en la cercanía, el cuidado de los más frágiles y la promoción de la paz cotidiana.

Finalmente, monseñor Larregain destacó la esperanza cristiana, fundada en la promesa de la vida plena junto a Dios. En medio de dificultades sociales y económicas, afirmó que la Cruz de los Milagros permanece como un faro que guía y sostiene al pueblo.

La celebración concluyó con una invitación renovada a confiar en Cristo, fortalecer la unidad y trabajar por una sociedad más justa, bajo la protección de la cruz y el amparo de la Virgen de Itatí, tan querida por el pueblo correntino.