El Domingo de Ramos marca el final de la Cuaresma y abre el inicio de la Semana Santa. La celebración combina dos momentos centrales: la bendición y procesión de los ramos y la misa que recuerda la Pasión de Cristo.

La procesión evoca la entrada de Jesús en Jerusalén, cuando fue recibido como rey con ramos y cantos. En la liturgia posterior, los textos se centran en el sufrimiento y la muerte del Redentor. Esta unión de signos expresa la tensión entre el reconocimiento y el rechazo.

El relato evangélico recuerda la aclamación del pueblo: "Hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor". Días después, esa misma multitud reclamó su condena. La liturgia presenta este contraste como signo de la fragilidad humana.

La práctica de bendecir ramos se incorporó en la Iglesia de Roma hacia el siglo IX. Los fieles conservan los ramos en sus hogares como signo de fe en Cristo, vencedor del pecado y de la muerte, y como expresión de confianza en la protección divina.

Símbolos que marcan la Pascua
Según la tradición, la palma simboliza victoria y paz. San Agustín la describe como signo de triunfo, en referencia a la muerte de Cristo que vence a la muerte. En la procesión, la cruz encabeza el recorrido y representa la apertura del camino hacia la vida.

Durante la misa se proclama la Pasión según el Evangelio. En ese momento, la liturgia omite signos habituales para subrayar el sentido del misterio. La celebración invita a contemplar la entrega de Cristo y a reconocer en ella el centro de la fe cristiana.

Con estos ritos, la Iglesia inicia la Semana Santa, período que recuerda los momentos finales de la vida de Jesús y su significado para los creyentes.