Ese día, los católicos del mundo recordamos la Encarnación de Jesús, concebido por obra del Espíritu Santo en el vientre virginal de Santa María, y cuyo nacimiento se produciría nueve meses después habiendo llegado la plenitud de los tiempos. Este gran acontecimiento de nuestra fe, nos recuerda el valor de la vida de todos los hombres desde el vientre materno.
También, el Papa San Juan Pablo II publicó, el 25 de marzo de 1995, la encíclica Evangelium Vitae, en la que manifiesta su clara defensa del derecho a la vida y rechaza las amenazas contra ella como el aborto y la eutanasia.
“La gravedad moral del aborto procurado se manifiesta en toda su verdad si se reconoce que se trata de un homicidio y, en particular, si se consideran las circunstancias específicas que lo cualifican”, explica el documento papal.
El primer país en instituir oficialmente un día para conmemorar la sacralidad de la vida humana desde la concepción fue El Salvador, cuando en 1993 la Asamblea Legislativa proclamó cada 25 de marzo como el “Día del Derecho a Nacer".
El Día del Niño por Nacer fue establecido oficialmente, cada 25 de marzo, por el presidente Carlos Menem, mediante un decreto firmado el 7 de diciembre de 1998. Menos de un mes antes, el 13 de noviembre de 1998, San Juan Pablo II había recibido a Menem en una audiencia privada en el Vaticano. Allí, el mandatario le propuso establecer la celebración en el país.
“El derecho a la vida no es una cuestión de ideología ni de religión, sino una emanación de la naturaleza humana y un principio fundamental reconocido por la Constitución Nacional y la legislación civil y penal de Argentina, que establece que la vida comienza en el momento de la concepción”, explica la Casa Rosada.