Con la incorporación de cinco jóvenes al proceso de formación sacerdotal, el Seminario Santo Cura de Ars inició el ciclo lectivo 2026 con una Eucaristía presidida por el obispo de Posadas, monseñor Juan Martínez, en el predio de avenida Leandro N. Alem 3157.

En el segundo domingo de Cuaresma, el prelado expresó su "especial alegría" por la llegada de los nuevos ingresantes, que elevan a 24 el total de seminaristas provenientes de Posadas y Oberá.

"La Eucaristía es una acción de gracias, un amén a Dios", afirmó, al tiempo que recordó que "en el seminario está el corazón de una diócesis".

Monseñor Martínez subrayó que la Iglesia existe para evangelizar y agradeció a los fieles, formadores, docentes, familias, diáconos y sacerdotes -muchos de ellos exalumnos- que acompañan la vida de la institución. También evocó la historia del lugar, que fue casa vocacional y preseminario, y señaló que el próximo año se cumplirán 25 años de la apertura del Seminario Mayor con todas las etapas formativas.

La Transfiguración y el encuentro con Cristo
Al reflexionar sobre el Evangelio de la Transfiguración según san Mateo, el obispo recordó la manifestación del Padre en el monte Tabor: "Este es mi Hijo muy amado, escúchenlo". Explicó que esta teofanía, enmarcada en el tiempo de Cuaresma, interpela especialmente a quienes han recibido el llamado vocacional.

Advirtió que la fe no puede reducirse a una costumbre o a un concepto abstracto, sino que implica una experiencia personal y profunda con Dios. "Aquí se trata de una experiencia de Él", sostuvo, y señaló que la Transfiguración anticipa la Pascua y prepara a los discípulos para atravesar el sufrimiento y la pasión.

La vocación, don gratuito
El obispo vinculó el llamado de los seminaristas con la vocación de Abraham, relatada en el Génesis, y con la enseñanza de san Pablo a Timoteo: el llamado no responde a méritos humanos, sino a la gracia y a la iniciativa divina. "No por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia", citó.

En ese sentido, explicó que el seminario es un tiempo privilegiado para identificarse con Cristo, al recordar que "el dueño de casa es Jesús en el Santísimo". Añadió que seguir al Señor implica aprender a amar dando la vida, incluso en medio del sufrimiento, sostenidos por la fortaleza de Dios.

Una Iglesia misionera y profética
En el tramo final de su homilía, monseñor Martínez animó a la comunidad a vivir una experiencia transformadora de Dios, capaz de sostener la fe "en las buenas y en las malas", y a asumir el compromiso de ser una Iglesia "misionera, samaritana y profética".

Aunque estos acontecimientos no siempre tengan amplia repercusión pública, aseguró que "está sucediendo algo grande en el llamado y en las respuestas de nuestros jóvenes", destacando el valor de las nuevas vocaciones como signo de esperanza para la diócesis y para toda la Iglesia.